CUANDO LA VIDA SE ROMPE EN UN SEGUNDO: MI TESTIMONIO Y UNA GUIA PARA TRANSITAR UN DUELO REPENTINO.

Hay momentos en la vida que cambian todo en un segundo. Momentos que parten el alma, detienen el cuerpo y te dejan sin palabras.

El 19 de septiembre, mi mamá falleció repentinamente… y desde entonces mi mundo interno quedó suspendido entre dos realidades: la que mi mente entiende y la que mi cuerpo aún no logra sostener.

Desde ese día, he estado sosteniendo a mi hija, a mi padre, a mi familia… y a mí misma como he podido.
Pero llegó un punto en el que tuve que reconocer algo que quizá tú también estás sintiendo ahora:

**No puedo con todo. Y no tengo por qué poder.**

Sé que muchas personas que viven un duelo repentino se sienten igual: fuertes por fuera, desbordadas por dentro. Con la intuición clara, pero el cuerpo desconectado. Con la mente queriendo avanzar, mientras la biología continúa atrapada en el shock.

Quiero contarte mi proceso, no porque lo haya superado —este tipo de dolor no se “supera”, se integra— sino porque tal vez mis palabras te acompañen en tu propio camino.

Cuando el cuerpo se desconecta para protegerse

Algo que descubrí en mí misma, y que tal vez tú también estés sintiendo, es esto:

Puedo analizar mi dolor, comprender mi duelo, incluso ver el propósito más grande…
y aun así sentirme vacía, insegura o desconectada de mi cuerpo.

Mi mente entendió la partida.
Mi intuición la aceptó.
Pero mi cuerpo… no.

Mi cuerpo todavía estaba sosteniendo el impacto, el miedo, la pérdida.
Todavía no podía habitarse completo.
Todavía no sabía cómo sentirse seguro en un mundo donde mi madre ya no estaba.

Y comprender esto me liberó:
no estoy rota. Estoy en proceso.

El duelo no se atraviesa desde la mente. Se atraviesa desde el cuerpo.

La autoobservación no es integración.
Puedes ver tus emociones, analizarlas, entender tus patrones… y aun así no sentir alivio.

¿Por qué?

Porque el cuerpo necesita tiempo para experimentar la seguridad que la mente ya comprendió.
El duelo real sucede cuando:

-No solo entiendes que alguien ya no está,
sino que tu cuerpo aprende a relajarse en esa realidad.

-No solo reconoces el dolor,
sino que puedes dejar que una parte de él pase a través de ti sin romperte.

-No solo sabes que tienes que seguir,
sino que puedes dar un paso sin que todo tu sistema se colapse.

Y ese proceso no es mental.
Es profundamente físico, espiritual y energético.

Si estás pasando por un duelo repentino, quiero decirte algo desde mi corazón:

No tienes que ser fuerte para todos.
No tienes que “poder con todo”.
No tienes que estabilizarte rápido.

Tu único trabajo ahora es existir un día a la vez, sentir un poquito a la vez, regresar a tu cuerpo un minuto a la vez.

Y aquí quiero compartirte una práctica que a mí me está ayudando a volver a mi centro cuando siento que me fragmento.

EJERCICIO PARA VOLVER A TU CUERPO DURANTE EL DUELO

Duración: 3–5 minutos
Úsalo en cualquier momento del día cuando sientas vacío, desconexión o agobio.

1. Pon una mano en tu pecho, no cambies tu respiración. Solo siente el contacto.

Repite internamente: “Aquí estoy contigo.”

2. Observa una sensación corporal; puede ser una sensación de presión, nudo, temblor, vacío. No intentes evitarla. Solo acompáñala como si estuvieras con un niño triste.

3. Suspira y luego inhala por la nariz, haz una pequeña segunda inhalación, y exhala por la boca lentamente. Repite 3 veces.

4. Termina diciendo: “No tengo que sostenerlo todo. Solo este momento.”

Este ejercicio le enseña a tu sistema nervioso que no estás sola dentro de ti, y que puede soltar un poco del peso que está cargando.

DECRETO CUÁNTICO DE INTEGRACIÓN PARA EL DUELO REPENTINO

Puedes decirlo en voz baja o mentalmente, cada mañana o cada noche:

“Honro el amor que me duele,y permito que este dolor encuentre un lugar seguro dentro de mí.

Hoy dejo de exigirme ser fuerte para todos.
Hoy permito que la vida me sostenga a mí también.
Mi cuerpo, mi mente y mi espíritu se sincronizan al mismo ritmo.

Mientras atravieso esta transición, me acompaño con compasión,y dejo que la luz entre de nuevo, suavemente, sin prisa.

Así es, así lo elijo, así se integra.”

Conclusión: No estás sola(o).Tu duelo tiene ritmo, capas y tiempo.

Si estás transitando una pérdida repentina, quiero que recuerdes esto:

Tu duelo no es un retroceso.
Tu desconexión no es un fallo.
Tu cansancio no es debilidad.

Es tu cuerpo diciendo:
“Necesito ser habitado con más suavidad.”

Y eso es sagrado.

Te abrazo en amor en este momento.

Moni 🌻 

Comentarios